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HISTORIA Y VIDA

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Publicado el 15 de JUNIO 1994 |
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El Pintor José Gausachs |
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La
perspectiva en que nos sitúa este fin de siglo, que es también un final de
milenio, dominado, en lo que atañe al desarrollo de las artes visuales, por
el signo ambiguo y huidizo de la llamada posmodernidad, no puede sino hacer
aún más interesante y atractiva la figura de José Gausachs, un artista que
ya en los años treinta de esta centuria estaba "de vuelta de todas las
vanguardias", después de un estrecho contacto con lo mas granado de la elite
artística parisina, que le permitió asimilar su libertad y todas sus
técnicas, sin aceptar las limitaciones de ninguno de sus dogmatismo.
Un
artista, además, que lejos de apartarse de sus raíces, profundizando en la
tradición catalana no sólo del impresionismo de Casas y de Rusiñol, y, como
dijera el crítico Manuel Valdeperes, de "la sobria magnificencia de Nonell",
sino incluso de la austeridad sagrada del románico, logró desarrollar un
lenguaje personalísimo con el que pudo apresar y fijar en el lienzo una
visión inédita del trópico caribeño. |
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De la
infancia en Sarriá a la primera experiencia parisina |
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Josep
Gausachs Armengol nació en la población de Sarriá, que acabaría por
convertirse en una barriada barcelonesa, el 1 de mayo de 1889, en el seno de
una familia burguesa acomodada. Una niñez y una juventud que debían haberse
desarrollado sin grandes problemas se vieron, no obstante, ensombrecidas por
adversidades a las que supo imponerse, como una trepanación que sufrió a los
once años de edad y que le produjo casi una total paralización de la mitad
del rostro.
Posteriormente, y a causa de una chispa de piedra que le hirió
la retina, perdió la visión de uno de sus ojos. Fatalidad que no llegaron a
convertirse en obstáculo para la afirmación de una vocación artística
consolidada por la formación que podía obtener entonces estudiando en la
Academia Baixas y en la Academia de
Bellas Artes de la Lotjía, y recibiendo también, según Rafael Benet,
alguna influencia de la llamada "escuela de Sarriá, en la que había dejado
su huella el gran artista Torres García". |
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Aquella enseñanza académica, menos desdeñable de lo que se ha supuesto,
aportó al artista pese a lo pacata y rutinaria que pueda parecernos, dos de
los elementos que prestaron más solidez al talento ya maduro de Gausachs,
que fueron su auténtico virtuosismo técnico, que no consiguió sino que
sencillamente perfeccionó luego en París, y su arraigado sentido de la
disciplina y la laboriosidad, que no disminuyó ni siquiera en los años
postreros de su vida, cuando su salud se tornó un tanto delicada.
De
todos modos uno de los profesores, Félix Mestre, decía sobre Gausachs;
"inteligente y hábil, atemperaba su academicismo con una discreta dosis de
credo impresionista". Según cuenta uno de los biógrafos de Gausachs, A.
Junyent. Mestre tenía también el don de descubrir, entre sus alumnos, cuáles
tenían auténtico talento, y fue precisamente lo que ocurrió entonces con
Gausachs, que se convirtió en su discípulo predilecto, y auxiliar de sus
trabajos de pintura mural |
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Pero tampoco fuera de la Academia faltaban los
estímulos intelectuales. Era la Barcelona de finales del siglo XIX y
principios del XX, donde, según el mismo autor, tomaban asiento "el
impresionismo de Rusiñol y de Casas, el anarquismo intelectual de Pedro
Corominas, la arquitectura de Gaudí, la poesía y la música de Maragall,
Morera y Pedrell, el teatro de Guime-rá y Puig i Ferrater, las novelas de
Narciso Oller y de Pompeyo Gener, con su petulante chambergo de mosquetero y
el prestigio de haber sido amante de Sarah Bernhard. Cuartel general del
revolucionarismo modernista era la taberna 'Els Quatre Gats', por donde
aparecía con frecuencia un joven flacucho y melenudo, aficionado a pasear
con un foulard al cuello, una guitarra bajo el brazo y la escolta de un
perro macilento. Se llamaba Pablo Picasso".
Provisto de una ávida y despierta sensibilidad y de
una sólida disciplina técnica, el artista se trasladó a París en el momento
del auge del cubismo y el fauvismo. donde le encontraría el estallido de la Primera Guerra
Mundial. |
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El caballero de Montparnasse |
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Instalado
en Montparnasse. Gausachs disfrutó de la estrecha convivencia y el
estimulante intercambio de ideas y entusiasmos con los más conocidos entre
los artistas de su tiempo, como Modigliani (de cuya obra se convirtió con el tiempo en un auténtico
conocedor). Gargallo. Utrillo. Juan Gris. Chirico. Fujita. Picasso. Marquet.
Bracque. Marc Chagall...
Pasa entonces del impresionismo al cubismo, al dadaísmo, al surrealismo... de este
último le atrajo sobre todo la práctica del dactilismo y una especial
sensibilidad para lo fantástico y para la captación del lado mágico de todas
las cosas, que no le abandonó jamás, y que está en la raíz de algunos
aspectos de su peculiar visión del mundo caribeño que posiblemente, logró
influir incluso sobre Wifredo Lam.
Del expresionismo y el neoexpresionismo tomó, quizás,
algunos de los rasgos más característicos de su estilo, una factura y un
grafismo trémulos, nerviosos, y al mismo tiempo dotados de un enérgico y
seguro poder de síntesis, que afirma sin dubitaciones la integridad del
objeto, sin concesiones al divisionismo pero que Paradójicamente, incorpora
la sensibilidad tonal y el sereno lirismo luminoso de los modelos
impresionistas, e incluso de la tradición de Corot, especialmente en la
pintura de paisajes, en la que fue un consumado maestro José Gausachs. El
caballero de Montparnasse", sobrenombre con el que se conocía entonces a
Josep Gausachs, en el mundillo artístico parisino, trabajaba entonces con
una paleta reducida, de blanco, negro, azul cobalto, amarillo cadmio y
esmeralda. Con ello le bastó para alcanzar el entusiasta elogio de la
crítica, y no de la menos exigente. Pernaud, crítico de arte de "L´lntransigeant",
afirmó entonces que Josep Gausachs pintaba "con los colores de la bandera
francesa", con esa típica tendencia gala a absorber y considerar como algo
propio el talento extranjero cuando se desarrolla en el suelo francés.
Charensol, de "Les Nouvelles Literaires", no se quedó atrás al considerar al
artista como uno de los más finos representantes de la escuela de pintura, y
lo mismo puede decirse Christian Zervos y Waldemar George. |
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Tampoco
faltó a la hora de Gausachs el elogio manifiesto de Picasso y de Albert
Marquet, quien ante uno de sus cuadros no pudo menos que admitir: "¡Este
cuadro lo hubiese querido pintar yo!" Finalmente Tristán Tzara expresó crecimiento a la calidad del hombre y del artista
que era Josep Gausachs, regalándole un y una caja de pinturas, que todavía
conservan, como una valiosa reliquia, los familiares del pintor catalán.
Gausachs expuso reiteradamente en París, en las galerías de Van Ogen.
Pierre y Vidrach, y en Bruselas y Ámsterdam. Poco a poco consiguió labrarse
una reputación en auge creciente, y que hubiese dado aún más rendidos frutos
si hubiese permanecido en París al terminar la Guerra Mundial, en un
excepcional momento de inflación de los precios en el mercado artístico.
Para ello contaba ya con atractivas propuestas de varios conocidos "marchands
de tableaux". Pero obligaciones familiares le obligarían a regresar a la
Ciudad Condal, con lo que se iniciaba un capítulo nuevo de su vida y su
obra.
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La luz y las tierras del
Mediterráneo |
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De vuelta en Barcelona, Gausachs se dedicó a la docencia en la Academia de
Bellas Artes, donde enseñaría la técnica del repujado del cuero durante
dieciséis años, técnica que conocía a la perfección por haberse dedicado a
su práctica durante su permanencia en París, al tiempo que pintaba y
realizaba exposiciones. |
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También
en España su actividad expositora era lo suficientemente importante por la
calidad y la cantidad para que la prensa y la crítica de los años treinta en
Cataluña y en España le asignaran un lugar destacado. El historiador del
arte Juan Antonio Gaya Ñuño no dudaba en considerarlo como uno de los más
representativos ejemplos de la escuela catalana de pintura durante la
primera mitad del siglo XX. Todo lo cual hace paradójica, aunque no menos
cierta, la afirmación de Manuel Trens de que Gausachs no había dejado de
ser, en su tierra, "un gran desconocido". Opinión ésta que expresó en el
catálogo de una retrospectiva que a título póstumo le dedicó en 1964 la
galería de arte Syra, de Barcelona.
Este gran olvido se debió, sin duda, a circunstancias
políticas y personales. Gausachs se convirtió, debido al estallido de la
Guerra Civil de 1936, en otro de tantos intelectuales y artistas que
formaron parte de aquella "España del Éxodo" y a la que la cultura de la
América española debe un reconocimiento que apenas ahora se está valorando
en su justa medida. La ausencia y el posterior silencio borraron durante
años la memoria de una obra de calidad excepcional. Pero posiblemente haya
contribuido también al desconocimiento relativo de Gausachs por las nuevas
generaciones en España (otra cosa es la República Dominicana, donde trabajó
durante dos decenios y varias generaciones de artistas lo reconocen con
orgullo como su indiscutible maestro) la misma independencia y nobleza de su
carácter, ajeno a las camarillas y los manejos publicitarios que tanto
abundan en el mundo del arte, produciendo por la treta y el artificio
prestigios tan fulgurantes como injustificados e, igualmente, efímeros. |
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Después de una primera exposición en las Galerías Dalmau,
a la que la crítica de la época atribuyó un cierto decorativismo, en los
últimos meses de 1931 Gausachs presentó en Galerías Layetanas una colección
de dibujos a la aguada, algunos coloreados, de paisajes del Valle de Echo,
en el Pirineo aragonés, que el diario "La Publicitat" del once de diciembre
caracteriza como "glosas subjetivas de una visión fugitiva matizada por un
expresionismo atemperado por un dejo sentimental". En ellos trasparecen esos
matices neorrománticos que algunos han querido ver después en Gausachs, y
que se afianzan en la obra de un artista que, como consignaba Rafael Benet
el 26 de noviembre en "Mirador", ya era conocido por la crítica barcelonesa
como un "divisionista", que cubría sus telas, como aquellas de Dalmau, con
pinceladas largas y verticales; Después como un "fauve" creador de imágenes
amosaicadas, y, finalmente, por un breve tiempo, como surrealista. Benet no
dudaba, por tanto, del carácter notablemente inquieto de Gausachs ni de un
europeísmo del que dieron fe sus éxitos parisinos, pero consideraba oportuno
añadir que las telas y dibujos de su producción más reciente de entonces
demostraban que además de un hombre de su tiempo, y para serlo
verdaderamente. Gausachs tenía unas raíces profundas e indiscutibles en su
propia tradición
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En febrero de 1932 expuso nuevamente, ahora pinturas, y
en la Sala Pares. Ráfols.
Benet. F. V. Foix hablaron entonces de "neofauvismo" en la pintura de
Gausachs. o de una "superación del fauvismo enriquecida, además, por una visión personal", Foix. O "Focius", se
convierte entonces en el más airado defensor de la obra de Gausachs. La
exposición de la Sala Pares se convierte entonces en el pretexto para la
celebración de un homenaje al artista en el "Lyon d'Or", al que asistieron,
entre otros, los críticos Sebastián
Gasch. Foix y Benet. los artistas Grau Sala. Fenosa Obiols. Además de J. A.
Maragall y el poeta Caries Ribas, quien dedicó un poema al homenajeado. |
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Pero además de los veintisiete lienzos de la Sala Pares,
que comprendían sobre todo paisajes y figuras. Gausachs se hizo presente
aquel año en el mundo artístico barcelonés por su participación en el "Salón
de Montjui'c". donde la prensa lo nombra entre los "maestros" como Caries.
Mercado Labarta. Domingo y Pidelaserra.
En 1934 y 1935 Guasachs expuso paisajes de Ibiza y
Mallorca, donde estuvo pintando y trabajando el arte del vitral, y.
respectivamente, de Collicabra. La fuerte luminosidad del paisaje
mediterráneo, que sin gradaciones ni matices, como afirmó un crítico (A.
Plana, de "La Vanguardia"), pone en primer plano todos los objetos, sin
"medias tintas", "brutalmente", es asumida con la misma exactitud perceptual
que las nieblas y variaciones infinitesimales que en sus paisajes anteriores
lo definen como un virtuoso de la valoración tonal.
También expuesto, como los baleares, en Galenas
Valenciano, los paisajes de Collicabra consiguen sostener, por la precisión
tonal de la pincelada, toda la vibración luminosa de la atmósfera. Un tono
un tanto más dramático y contrastado se muestra en los bodegones de
entonces, como el de "La Bleda". de 1934, presentado por el artista en el
Salón de Montjui'c de ese año, y que fue inmediatamente adquirido por el
Museo de Arte Moderno de Cataluña. |
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Un cromatismo que rehuye siempre la estridencia, pero
nunca la harmonización audaz de azules y rojos brillantes, una pincelada
larga y espontánea, un dibujo seguro y fluido, corroboran la impresión de
madurez que la pintura de Gausachs produce entonces en la crítica de la
época, y que culmina graciosamente en sus cuadros de flores, que tienen todo
el gozo y la frescura de los de Redon.
También en 1935 expone Gausachs en la Sala Bigas y en Vic.
No deja por entonces de incursionar en el arte del retrato, a menudo con
resabios románticos, o haciendo gala de imaginación compositiva y de gracia,
como en el que hizo de sus progenitores. Tampoco los trabajos
abstraccionistas de su último período en Santo Domingo carecen de
precedentes en su etapa barcelonesa. Gausachs no se supeditó nunca a
dogmatismos de escuela, y mucho menos a limitaciones autoimpuestas, lo que
no hace imposible una diferenciación de períodos en su trabajo, pero siempre
y cuando ésta se entienda dentro de una notable fluidez, manteniéndose
continuamente y a través de los cambios una notable unidad del estilo que no
hace más que traducir, sin proponérselo, la personalidad del creador, y "la
emoción", que contrariamente a lo buscado por Bracque, y en consonancia con
Juan Gris, ha de "corregir a la regla".
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También
durante los años treinta participó Gausachs en España en importantes
exposiciones colectivas, como la de pintores catalanes organizada por el
diario "El Heraldo de Madrid", o la exposición-concurso que realizó el Museo
de Artes Decorativas de Montjuich, dedicada a vistas de Montserrat de
pintores catalanes, donde una tela que armonizaba azules y rosas luminosos
demostró una vez más su indiscutible talento de colorista. |
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Pero nuevamente el destino tuerce el
rumbo de la vida de Josep Gausachs. Su conocida lealtad republicana y su
talante liberal y progresista no podían compaginarse con el régimen surgido
de la Guerra Civil de 1936-1939. Al grave peligro que corrió su vida se sumo
la represión policial que incluso dificultó la conservación de parte de su
obra.
Después de estar en campos de
concentración franceses, especialmente en Narbonne, sus amigos consiguen
encontrarlo, y pudo finalmente huir en el buque "Cuba",
cuando ya se había iniciado la Segunda Guerra Mundial, rumbo a América, y en
compañía de su hijo Francisco, quien también sería pintor y profesor de
pintura. .
Una serie de circunstancias, entre las
que se destaca la necesidad de "limpiar" la imagen internacional de uno de
los déspotas más sanguinarios y pintorescos de Hispanoamérica, Rafael
Leónidas Trujillo, que acababa de ordenar la matanza de unos treinta mil haitianos, determinó que éste abriese las
puertas de la República Dominicana a los exiliados españoles, en un alarde
de humanitarismo aparentemente incomprensible desde el punto de vista de la
mentalidad democrática de los exiliados, en franco contraste con las ideas y
las acciones del dictador.
Aquella
migración en la que se pretendió dar prioridad a los agricultores, con los
que se buscaba poblar la zona limítrofe de Santo Domingo con Haití, llevó a
la pequeña república antillana un considerable número de intelectuales y
artistas. Los más, se marcharon en un plazo no mayor de cinco años, no sin
dejar antes una huella perdurable en la vida cultural de la nación.
Gausachs, que según Vicente Llorens era, entre los artistas, "el más
conocido y de mayor edad", permaneció en la isla, salvo una estancia
temporal en Venezuela, en 1945, hasta su muerte acaecida el 26 de julio de
1959. |
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Exilio y otro mar |
El once de enero, pues, de 1940,
Gausachs se encontraba en Santo Domingo. Su primera participación
documentada en una exposición es en la de carácter privado y celebrada en la
residencia del agregado naval de la legación de la Embajada de los Estados
Unidos en la República Dominicana, el 31 de julio de 1942, y que estuvo
dedicada a pintura española contemporánea. Granell aportó un paisaje al óleo
de Puerto Plata, al norte de la isla, y dos dibujos, que se sumaron a seis
trabajos de Eugenio Fernández Granell, y siete del muralista José Vela
Zanetti, también exiliados en Santo Domingo.

Este mismo año participó en la Primera
Exposición Bienal de Artes Plásticas que se celebró en el país, y al año
siguiente en una de autorretratos, género que cultivó con cierta frecuencia
y extraordinarios resultados, y con la que se inauguró la Galería Nacional
de Bellas Artes, que tanto significó para el arte dominicano de los años
cuarenta. |
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En 1944 participó en una exposición
que organizó la Comisión de Refugiados Españoles para la Conmemoración del
Centenario de la República Dominicana, y que presidía el eminente penalista
Constancio Bernaldo de Quirós, además de la Segunda Bienal de Artes
Plásticas, donde ganó el Tercer Premio, que era el correspondiente a la
categoría de paisaje, por su óleo "Haina". Ese mismo año fue nombrado
profesor de la Escuela Nacional de Bellas Artes, que había sido inaugurada
en agosto de 1942 con un profesorado constituido en su mayor parte por
maestros europeos exiliados, tanto españoles republicanos como judíos
centroeuropeos. Algo más de un año después, y al retornar de una estancia
temporal en Venezuela, Gausachs fue nombrado subdirector de la Escuela, y
posteriormente le fue ofrecida la dirección, que no aceptó.
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También en 1944, del 30 de enero al 15
de febrero, realizó su primera exposición individual en Santo Domingo, la
cual reseña la prensa tanto dominicana como los periódicos de los exiliados
españoles, llamando la atención sobre la gran afluencia de público. Esta
muestra, fundamentalmente de paisajes, nos muestra el descubrimiento de
"otro mar", el Caribe, por este hombre del Mediterráneo, anteriormente
fascinado por los paisajes costeros y el sol de las Baleares... |
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El carnaval en Caracas |
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En1945 residió por algún
tiempo en Venezuela, donde expuso en el Museo de Los Caobos y fue celebrado
ampliamente por la crítica como representante del impresionismo español. En
1948 participó con una obra fuera de concurso, que no obstante fue premiada,
en la VI Bienal Nacional de Artes Plásticas de la República Dominicana.
Declinó pública y amablemente el honor, alegando que desde hacía un tiempo
tenía la costumbre de participar en las Bienales sólo 'fuera de concurso". |
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En 1953 hizo Gausachs una
exposición en el Instituto Cultural Dominico Americano donde presentó, entre
otras cosas, sus primeros estudios sobre el arte negro, posiblemente los
primeros también, que realizara un artista en la República Dominicana. En
1954 presentó una retrospectiva, ya. en la Alianza Francesa. En 1953 había
participado en dicho centro en dos colectivas organizadas por el Círculo
Nacional de Artistas, que en 1954 lo nombró miembro del jurado del concurso
de arte que celebró en el Instituto Cultural Dominico Americano.
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En octubre también de
1954 participó en una exposición de arte religioso que el grupo católico
Ábside organizó en los salones del Ateneo Dominicano. Es del mayor interés
el ingenuo y expresivo arte religioso de Gausachs. en el que Manuel Tres ha
detectado tipologías iconográficas enraizadas en el románico, como la Virgen
que sostiene en brazos a un Cristo con tamaño infantil, pero proporciones y
rostro de adulto.
En 1955
Gausachs fue incluido en una importante exposición internacional organizada
por el Ateneo de Caracas, donde representó a la República Dominicana junto
con su discípulo más próximo. Gilberto Hernández Ortega, y Jaime Colson, un
dominicano que según Lourdes Cirlot tuvo alguna influencia sobre el grupo
Dau al Set en sus comienzos, y fue gran amigo de Tharrats. Exposición que
incluía obras de Léger, Hartung, Soulages. Vasarely, Magritte, Petorutti.
Diego Rivera. Cándido Portinari. Lam. Rouault, Picasso. Bores. Pelayo,
Siquei-ros, Guayasamín. |
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En la obra de Gausachs en Santo
Domingo, y según Naescher, su principal coleccionista, un suizo que posee
cerca de un centenar de dibujos y pinturas del artista, y que obtuvo de
André Bretón dos dibujos de Picasso a cambio de uno de Gausachs, es posible
señalar cuatro "etapas" en la producción de Gausachs. Éstas son una primera
dedicada al paisaje, una segunda referida a las figuras de negras y mulatas,
la tercera, que radicaliza la tendencia a la síntesis que caracteriza no
sólo su periodo dominicano, sino la obra de toda su vida, y, finalmente, el
vuelco hacia la abstracción del final de su vida. Aunque en el caso de
Gausachs, pensamos que no hay una abstracción sino varias: la de trabajos
muy esquemáticos que pueden incluirse en lo que se ha dado en llamar
"paisajismo abstracto", la de obras como "Manigua Party", de 1955, o "Sputrik",
de 1957, donde es visible la huella, en lo que atañe a la estructuración
espacial, del cubismo o el constructivismo, o, en
fin, las abstracciones como una de la colección de Jorge Gausachs donde un
grafismo galopante, de ritmo atormentado y avasallador como el de un Pollock
o un Michaux, lo vinculan con el automatismo o el expresionismo abstracto.
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Pero entre sus obras más características están, claro está, los paisajes.
Precisamente Gausachs fue en Santo Domingo profesor de pintura de paisajes,
y su ojo experto distinguió con claridad los matices que diferenciaban los
agrestes paisajes del suroeste de los de la región Sur de la isla, rica en
ocres, o los tonos más tiernos de la región Norte y Central del Cibao. Creó
una imagen del trópico, como supieron ver los críticos Manuel Valdeperes y
Rafael Díaz Niese, que rompía el tópico de las estridencias cromáticas, para
inclinarse hacia una visión lírica de la luz. Un peculiar fenómeno óptico
que se ha confundido a menudo con nieblas, típico de las mañanas tropicales,
es el de una luminosidad plateada que llega a disolver, por su misma
intensidad, las formas y los colores. |

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El ojo del extranjero, como supo notar
Valdeperes, es más apto que el del-nativo para detectar esa realidad (y más
el ojo de un hombre del Mediterráneo), de una "luz que oculta, y una
oscuridad que revela", como sagazmente apunta María Zambra-no, en un
inolvidable ensayo sobre Wilfredo Lam, como propias del Caribe. Entre los
pintores del área, pensamos que sólo el venezolano Reverán ha sido capaz de
realizar y radicalizar esa percepción de la luz caribeña. |
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También las figuras de
negras y mulatas de Gausachs, que alguien ha considerado descendientes
isleñas de las gitanas de Nonell, merecen mencionarse como definición, más
allá del retrato individual, de un auténtico tipo criollo en que la
sinuosidad del trazo recoge todo un repertorio de variantes psicológicas, la
tristeza, la laxitud, el desenfado, el desafío, la seducción erótica o el
-misterio de lo instintivo. Habita en ellas un élan, una efervescencia de
vida, que las distancia decididamente de las mucho más hieráticas que
concibió otro exiliado español, Ángel Botello, muy influido por Gauguin.

No menos importante es una iconología
de vegetaciones y figuras, de manglar, peces y animales fantásticos que
definen toda una visión mágica y fantástica del Caribe que resurge, en clave
tenebrista, en Gilberto Hernández Ortega y posiblemente en Lam. Figuras y
formas planas y sintéticas, recortadas por gruesos trazos oscuros, nos
llevan, como la iconografía románica que el pintor conocía tan bien, más
allá del espacio empírico que denota la perspectiva renacentista a otro
absolutamente numinoso donde el arte, como preconiza Klee, hace visible lo
invisible. |
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No
obstante todas las apreciaciones y clasificaciones han de manejarse con
cuidado, otorgándoles suficiente fluidez, en el caso de la obra de Gausachs.
Otros rasgos notables de su producción son, por una parte, la abundancia de
obras de pequeño formato, y realizadas con materiales poco costosos, No
obstante todas las apreciaciones y clasificaciones han de manejarse con
cuidado, otorgándoles suficiente fluidez, en el caso de la obra de Gausachs.
Otros rasgos notables de su producción son, por una parte, la abundancia de
obras de pequeño formato, y realizadas con materiales poco costosos, como
lápices de color infantiles, ceras, carboncillos y sanguinas, además de
gouaches, acuarelas, aguadas, tintas y pastel, y por otra su grandísima
influencia sobre las generaciones de pintores dominicanos que fueron sus
discípulos: un crítico dominicano ha dicho que la historia del arte del país
puede dividirse en antes y después de Gausachs. Nosotros corroboramos sin
ninguna duda esa afirmación, añadiendo que el pintor catalán no es el único,
pero sí el mayor responsable de que hoy, si puede hablarse de una "escuela
nacional", en la pintura dominicana, ésa es el expresionismo, por más que el
expresionismo de Gausachs siempre estuvo templado por una elegancia que no
admitía ni por asomo lo declamatorio o lo efectista |
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Queda hoy, sobre todo, su ejemplar
sentido ético de la labor del artista, su amor al trabajo, su independencia
consecuente, sin poses ni alardes, sin concesiones, tal como ha subrayado
reiteradamente su principal coleccionista, Naeseher, a seducciones
mercantiles. Gausachs jamás pintó por encargo, ni quiso vender sus obras, ni
siquiera muy bien pagadas, a personas que no le agradasen. |
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Desde
su muerte se le han dedicado varias retrospectivas: en Santo Domingo, en la
Casa de España en 1963, dos en la Galería de Arte Moderno en los años
setenta y una en la Cafarelli, y en 1983 en la Ciudad de los Artistas de
Altos de Chavón. Otra en 1964 en la Galería Syra de Barcelona, que ya en
1950 le había dedicado, en vida del artista, una retrospectiva que puede
considerarse como el inicio del redescubrimiento de Gausachs en España.
Esperamos que estas líneas contribuyan al mismo, tanto como la cesión de una
serie de entre 80 y 240 dibujos que el coleccionista Partagés cedió al Museo
de Arte Moderno de Barcelona. A una calle de Santo Domingo, además, se le
dio, como homenaje, el nombre de Josep Gausachs. |
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Una metafísica de la luz, como factor que determina el paso de las formas y
los seres por el umbral de lo real, se fue desarrollando gradualmente como
trasfondo del trabajo de Gausachs. Como muchos artistas que han pasado por
el surrealismo, experimentó, sobre todo en sus fantasías en torno a las
formas de los manglares antillanos, el paso del onirismo a lo fantástico.
"Cuando la realidad se convierte en ficción -escribió al margen de uno de
sus dibujos-, la fijación se confunde con la realidad misma." |
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