Biografia Cronologia Formacion Genealogia

BIOGRAFIA

 
 
FECHA
PERIODO

PAÍS

1889-1916 De la infancia en Sarriá a la primera experiencia parisina Barcelona - Paris
1916-1919 El caballero de Montparnasse Paris - Holanda
1919-1935 Las tierras del Mediterráneo Barcelona - Majorca
1936-1939 La Guerra Civil y los campos de concentración Francia
1940-1945 El exilio y otro mar Republica Dominicana
1945-1947 El carnaval en Caracas Venezuela
1947-1959 Sus últimos años Republica Dominicana
 

 

HISTORIA Y VIDA 

 

Publicado el 15 de JUNIO 1994

El Pintor José Gausachs

 

 

La perspectiva en que nos sitúa este fin de siglo, que es también un final de milenio, dominado, en lo que atañe al desarrollo de las artes visuales, por el signo ambiguo y huidizo de la llamada posmodernidad, no puede sino hacer aún más interesante y atractiva la figura de José Gausachs, un artista que ya en los años treinta de esta centuria estaba "de vuelta de todas las vanguardias", después de un estrecho contacto con lo mas granado de la elite artística parisina, que le permitió asimilar su libertad y todas sus técnicas, sin aceptar las limitaciones de ninguno de sus dogmatismo.

Un artista, además, que lejos de apartarse de sus raíces, profundizando en la tradición catalana no sólo del impresionismo de Casas y de Rusiñol, y, como dijera el crítico Manuel Valdeperes, de "la sobria magnificencia de Nonell", sino incluso de la austeridad sagrada del románico, logró desarrollar un lenguaje personalísimo con el que pudo apresar y fijar en el lienzo una visión inédita del trópico caribeño.

 

De la infancia en Sarriá a la primera experiencia parisina

 

Josep Gausachs Armengol nació en la población de Sarriá, que acabaría por convertirse en una barriada barcelonesa, el 1 de mayo de 1889, en el seno de una familia burguesa acomodada. Una niñez y una juventud que debían haberse desarrollado sin grandes problemas se vieron, no obstante, ensombrecidas por adversidades a las que supo imponerse, como una trepanación que sufrió a los once años de edad y que le produjo casi una total paralización de la mitad del rostro.

Posteriormente, y a causa de una chispa de piedra que le hirió la retina, perdió la visión de uno de sus ojos. Fatalidad que no llegaron a convertirse en obstáculo para la afirmación de una vocación artística consolidada por la formación que podía obtener entonces estudiando en la Academia Baixas y en la Academia de Bellas Artes de la Lotjía, y recibiendo también, según Rafael Benet, alguna influencia de la llamada "escuela de Sarriá, en la que había dejado su huella el gran artista Torres García".

 

Aquella enseñanza académica, menos desdeñable de lo que se ha supuesto, aportó al artista pese a lo pacata y rutinaria que pueda parecernos, dos de los elementos que prestaron más solidez al talento ya maduro de Gausachs, que fueron su auténtico virtuosismo técnico, que no consiguió sino que sencillamente perfeccionó luego en París, y su arraigado sentido de la disciplina y la laboriosidad, que no disminuyó ni siquiera en los años postreros de su vida, cuando su salud se tornó un tanto delicada.

De todos modos uno de los profesores, Félix Mestre, decía sobre Gausachs; "inteligente y hábil, atemperaba su academicismo con una discreta dosis de credo impresionista". Según cuenta uno de los biógrafos de Gausachs, A. Junyent. Mestre tenía también el don de descubrir, entre sus alumnos, cuáles tenían auténtico talento, y fue precisamente lo que ocurrió entonces con Gausachs, que se convirtió en su discípulo predilecto, y auxiliar de sus trabajos de pintura mural

 

 

Pero tampoco fuera de la Academia faltaban los estímulos intelectuales. Era la Barcelona de finales del siglo XIX y principios del XX, donde, según el mismo autor, tomaban asiento "el impresionismo de Rusiñol y de Casas, el anarquismo intelectual de Pedro Corominas, la arquitectura de Gaudí, la poesía y la música de Maragall, Morera y Pedrell, el teatro de Guime-rá y Puig i Ferrater, las novelas de Narciso Oller y de Pompeyo Gener, con su petulante chambergo de mosquetero y el prestigio de haber sido amante de Sarah Bernhard. Cuartel general del revolucionarismo modernista era la taberna 'Els Quatre Gats', por donde aparecía con frecuencia un joven flacucho y melenudo, aficionado a pasear con un foulard al cuello, una guitarra bajo el brazo y la escolta de un perro macilento. Se llamaba Pablo Picasso".

Provisto de una ávida y despierta sensibilidad y de una sólida disciplina técnica, el artista se trasladó a París en el momento del auge del cubismo y el fauvismo. donde le encontraría el estallido de la Primera Guerra Mundial. 

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El caballero de Montparnasse

Instalado en Montparnasse. Gausachs disfrutó de la estrecha convivencia y el estimulante intercambio de ideas y entusiasmos con los más conocidos entre los artistas de su tiempo, como Modigliani (de cuya obra se convirtió con el tiempo en un auténtico conocedor). Gargallo. Utrillo. Juan Gris. Chirico. Fujita. Picasso. Marquet. Bracque. Marc Chagall...

Pasa entonces del impresionismo al cubismo, al dadaísmo, al surrealismo... de este último le atrajo sobre todo la práctica del dactilismo y una especial sensibilidad para lo fantástico y para la captación del lado mágico de todas las cosas, que no le abandonó jamás, y que está en la raíz de algunos aspectos de su peculiar visión del mundo caribeño que posiblemente, logró influir incluso sobre Wifredo Lam.

Del expresionismo y el neoexpresionismo tomó, quizás, algunos de los rasgos más característicos de su estilo, una factura y un grafismo trémulos, nerviosos, y al mismo tiempo dotados de un enérgico y seguro poder de síntesis, que afirma sin dubitaciones la integridad del objeto, sin concesiones al divisionismo pero que Paradójicamente, incorpora la sensibilidad tonal y el sereno lirismo luminoso de los modelos impresionistas, e incluso de la tradición de Corot, especialmente en la pintura de paisajes, en la que fue un consumado maestro José Gausachs. El caballero de Montparnasse", sobrenombre con el que se conocía entonces a Josep Gausachs, en el mundillo artístico parisino, trabajaba entonces con una paleta reducida, de blanco, negro, azul cobalto, amarillo cadmio y esmeralda. Con ello le bastó para alcanzar el entusiasta elogio de la crítica, y no de la menos exigente. Pernaud, crítico de arte de "L´lntransigeant", afirmó entonces que Josep Gausachs pintaba "con los colores de la bandera francesa", con esa típica tendencia gala a absorber y considerar como algo propio el talento extranjero cuando se desarrolla en el suelo francés. Charensol, de "Les Nouvelles Literaires", no se quedó atrás al considerar al artista como uno de los más finos representantes de la escuela de pintura, y lo mismo puede decirse Christian Zervos y Waldemar George.

 

 

Tampoco faltó a la hora de Gausachs el elogio manifiesto de Picasso y de Albert Marquet, quien ante uno de sus cuadros no pudo menos que admitir: "¡Este cuadro lo hubiese querido pintar yo!" Finalmente Tristán Tzara expresó crecimiento a la calidad del hombre y del artista que era Josep Gausachs, regalándole un y una caja de pinturas, que todavía conservan, como una valiosa reliquia, los familiares del pintor catalán.

Gausachs expuso reiteradamente en París, en las galerías de Van Ogen. Pierre y Vidrach, y en Bruselas y Ámsterdam. Poco a poco consiguió labrarse una reputación en auge creciente, y que hubiese dado aún más rendidos frutos si hubiese permanecido en París al terminar la Guerra Mundial, en un excepcional momento de inflación de los precios en el mercado artístico. Para ello contaba ya con atractivas propuestas de varios conocidos "marchands de tableaux". Pero obligaciones familiares le obligarían a regresar a la Ciudad Condal, con lo que se iniciaba un capítulo nuevo de su vida y su obra.

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La luz y las tierras del Mediterráneo

De vuelta en Barcelona, Gausachs se dedicó a la docencia en la Academia de Bellas Artes, donde enseñaría la técnica del repujado del cuero durante dieciséis años, técnica que conocía a la perfección por haberse dedicado a su práctica durante su permanencia en París, al tiempo que pintaba y realizaba exposiciones.

También en España su actividad expositora era lo suficientemente importante por la calidad y la cantidad para que la prensa y la crítica de los años treinta en Cataluña y en España le asignaran un lugar destacado. El historiador del arte Juan Antonio Gaya Ñuño no dudaba en considerarlo como uno de los más representativos ejemplos de la escuela catalana de pintura durante la primera mitad del siglo XX. Todo lo cual hace paradójica, aunque no menos cierta, la afirmación de Manuel Trens de que Gausachs no había dejado de ser, en su tierra, "un gran desconocido". Opinión ésta que expresó en el catálogo de una retrospectiva que a título póstumo le dedicó en 1964 la galería de arte Syra, de Barcelona.

Este gran olvido se debió, sin duda, a circunstancias políticas y personales. Gausachs se convirtió, debido al estallido de la Guerra Civil de 1936, en otro de tantos intelectuales y artistas que formaron parte de aquella "España del Éxodo" y a la que la cultura de la América española debe un reconocimiento que apenas ahora se está valorando en su justa medida. La ausencia y el posterior silencio borraron durante años la memoria de una obra de calidad excepcional. Pero posiblemente haya contribuido también al desconocimiento relativo de Gausachs por las nuevas generaciones en España (otra cosa es la República Dominicana, donde trabajó durante dos decenios y varias generaciones de artistas lo reconocen con orgullo como su indiscutible maestro) la misma independencia y nobleza de su carácter, ajeno a las camarillas y los manejos publicitarios que tanto abundan en el mundo del arte, produciendo por la treta y el artificio prestigios tan fulgurantes como injustificados e, igualmente, efímeros.

Después de una primera exposición en las Galerías Dalmau, a la que la crítica de la época atribuyó un cierto decorativismo, en los últimos meses de 1931 Gausachs presentó en Galerías Layetanas una colección de dibujos a la aguada, algunos coloreados, de paisajes del Valle de Echo, en el Pirineo aragonés, que el diario "La Publicitat" del once de diciembre caracteriza como "glosas subjetivas de una visión fugitiva matizada por un expresionismo atemperado por un dejo sentimental". En ellos trasparecen esos matices neorrománticos que algunos han querido ver después en Gausachs, y que se afianzan en la obra de un artista que, como consignaba Rafael Benet el 26 de noviembre en "Mirador", ya era conocido por la crítica barcelonesa como un "divisionista", que cubría sus telas, como aquellas de Dalmau, con pinceladas largas y verticales; Después como un "fauve" creador de imágenes amosaicadas, y, finalmente, por un breve tiempo, como surrealista. Benet no dudaba, por tanto, del carácter notablemente inquieto de Gausachs ni de un europeísmo del que dieron fe sus éxitos parisinos, pero consideraba oportuno añadir que las telas y dibujos de su producción más reciente de entonces demostraban que además de un hombre de su tiempo, y para serlo verdaderamente. Gausachs tenía unas raíces profundas e indiscutibles en su propia tradición

 

En febrero de 1932 expuso nuevamente, ahora pinturas, y en la Sala Pares. Ráfols. Benet. F. V. Foix hablaron entonces de "neofauvismo" en la pintura de Gausachs. o de una "superación del fauvismo enriquecida, además, por una visión personal", Foix. O "Focius", se convierte entonces en el más airado defensor de la obra de Gausachs. La exposición de la Sala Pares se convierte entonces en el pretexto para la celebración de un homenaje al artista en el "Lyon d'Or", al que asistieron, entre otros, los críticos Sebastián Gasch. Foix y Benet. los artistas Grau Sala. Fenosa Obiols. Además de J. A. Maragall y el poeta Caries Ribas, quien dedicó un poema al homenajeado.

 

Pero además de los veintisiete lienzos de la Sala Pares, que comprendían sobre todo paisajes y figuras. Gausachs se hizo presente aquel año en el mundo artístico barcelonés por su participación en el "Salón de Montjui'c". donde la prensa lo nombra entre los "maestros" como Caries. Mercado Labarta. Domingo y Pidelaserra.

En 1934 y 1935 Guasachs expuso paisajes de Ibiza y Mallorca, donde estuvo pintando y trabajando el arte del vitral, y. respectivamente, de Collicabra. La fuerte luminosidad del paisaje mediterráneo, que sin gradaciones ni matices, como afirmó un crítico (A. Plana, de "La Vanguardia"), pone en primer plano todos los objetos, sin "medias tintas", "brutalmente", es asumida con la misma exactitud perceptual que las nieblas y variaciones infinitesimales que en sus paisajes anteriores lo definen como un virtuoso de la valoración tonal.

También expuesto, como los baleares, en Galenas Valenciano, los paisajes de Collicabra consiguen sostener, por la precisión tonal de la pincelada, toda la vibración luminosa de la atmósfera. Un tono un tanto más dramático y contrastado se muestra en los bodegones de entonces, como el de "La Bleda". de 1934, presentado por el artista en el Salón de Montjui'c de ese año, y que fue inmediatamente adquirido por el Museo de Arte Moderno de Cataluña.

 

 

Un cromatismo que rehuye siempre la estridencia, pero nunca la harmonización audaz de azules y rojos brillantes, una pincelada larga y espontánea, un dibujo seguro y fluido, corroboran la impresión de madurez que la pintura de Gausachs produce entonces en la crítica de la época, y que culmina graciosamente en sus cuadros de flores, que tienen todo el gozo y la frescura de los de Redon.

También en 1935 expone Gausachs en la Sala Bigas y en Vic. No deja por entonces de incursionar en el arte del retrato, a menudo con resabios románticos, o haciendo gala de imaginación compositiva y de gracia, como en el que hizo de sus progenitores. Tampoco los trabajos abstraccionistas de su último período en Santo Domingo carecen de precedentes en su etapa barcelonesa. Gausachs no se supeditó nunca a dogmatismos de escuela, y mucho menos a limitaciones autoimpuestas, lo que no hace imposible una diferenciación de períodos en su trabajo, pero siempre y cuando ésta se entienda dentro de una notable fluidez, manteniéndose continuamente y a través de los cambios una notable unidad del estilo que no hace más que traducir, sin proponérselo, la personalidad del creador, y "la emoción", que contrariamente a lo buscado por Bracque, y en consonancia con Juan Gris, ha de "corregir a la regla". 

 

 

 

También durante los años treinta participó Gausachs en España en importantes exposiciones colectivas, como la de pintores catalanes organizada por el diario "El Heraldo de Madrid", o la exposición-concurso que realizó el Museo de Artes Decorativas de Montjuich, dedicada a vistas de Montserrat de pintores catalanes, donde una tela que armonizaba azules y rosas luminosos demostró una vez más su indiscutible talento de colorista.

 

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Pero nuevamente el destino tuerce el rumbo de la vida de Josep Gausachs. Su conocida lealtad republicana y su talante liberal y progresista no podían compaginarse con el régimen surgido de la Guerra Civil de 1936-1939. Al grave peligro que corrió su vida se sumo la represión policial que incluso dificultó la conservación de parte de su obra.

Después de estar en campos de concentración franceses, especialmente en Narbonne, sus amigos consiguen encontrarlo, y pudo finalmente huir en el buque "Cuba", cuando ya se había iniciado la Segunda Guerra Mundial, rumbo a América, y en compañía de su hijo Francisco, quien también sería pintor y profesor de pintura. .

Una serie de circunstancias, entre las que se destaca la necesidad de "limpiar" la imagen internacional de uno de los déspotas más sanguinarios y pintorescos de Hispanoamérica, Rafael Leónidas Trujillo, que acababa de ordenar la matanza de unos treinta mil haitianos, determinó que éste abriese las puertas de la República Dominicana a los exiliados españoles, en un alarde de humanitarismo aparentemente incomprensible desde el punto de vista de la mentalidad democrática de los exiliados, en franco contraste con las ideas y las acciones del dictador.

Aquella migración en la que se pretendió dar prioridad a los agricultores, con los que se buscaba poblar la zona limítrofe de Santo Domingo con Haití, llevó a la pequeña república antillana un considerable número de intelectuales y artistas. Los más, se marcharon en un plazo no mayor de cinco años, no sin dejar antes una huella perdurable en la vida cultural de la nación. Gausachs, que según Vicente Llorens era, entre los artistas, "el más conocido y de mayor edad", permaneció en la isla, salvo una estancia temporal en Venezuela, en 1945, hasta su muerte acaecida el 26 de julio de 1959. 

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Exilio y otro mar

 

El once de enero, pues, de 1940, Gausachs se encontraba en Santo Domingo. Su primera participación documentada en una exposición es en la de carácter privado y celebrada en la residencia del agregado naval de la legación de la Embajada de los Estados Unidos en la República Dominicana, el 31 de julio de 1942, y que estuvo dedicada a pintura española contemporánea. Granell aportó un paisaje al óleo de Puerto Plata, al norte de la isla, y dos dibujos, que se sumaron a seis trabajos de Eugenio Fernández Granell, y siete del muralista José Vela Zanetti, también exiliados en Santo Domingo.

Este mismo año participó en la Primera Exposición Bienal de Artes Plásticas que se celebró en el país, y al año siguiente en una de autorretratos, género que cultivó con cierta frecuencia y extraordinarios resultados, y con la que se inauguró la Galería Nacional de Bellas Artes, que tanto significó para el arte dominicano de los años cuarenta.

 

 

En 1944 participó en una exposición que organizó la Comisión de Refugiados Españoles para la Conmemoración del Centenario de la República Dominicana, y que presidía el eminente penalista Constancio Bernaldo de Quirós, además de la Segunda Bienal de Artes Plásticas, donde ganó el Tercer Premio, que era el correspondiente a la categoría de paisaje, por su óleo "Haina". Ese mismo año fue nombrado profesor de la Escuela Nacional de Bellas Artes, que había sido inaugurada en agosto de 1942 con un profesorado constituido en su mayor parte por maestros europeos exiliados, tanto españoles republicanos como judíos centroeuropeos. Algo más de un año después, y al retornar de una estancia temporal en Venezuela, Gausachs fue nombrado subdirector de la Escuela, y posteriormente le fue ofrecida la dirección, que no aceptó.

También en 1944, del 30 de enero al 15 de febrero, realizó su primera exposición individual en Santo Domingo, la cual reseña la prensa tanto dominicana como los periódicos de los exiliados españoles, llamando la atención sobre la gran afluencia de público. Esta muestra, fundamentalmente de paisajes, nos muestra el descubrimiento de "otro mar", el Caribe, por este hombre del Mediterráneo, anteriormente fascinado por los paisajes costeros y el sol de las Baleares...

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El carnaval en Caracas

 

 

En1945 residió por algún tiempo en Venezuela, donde expuso en el Museo de Los Caobos y fue celebrado ampliamente por la crítica como representante del impresionismo español. En 1948 participó con una obra fuera de concurso, que no obstante fue premiada, en la VI Bienal Nacional de Artes Plásticas de la República Dominicana. Declinó pública y amablemente el honor, alegando que desde hacía un tiempo tenía la costumbre de participar en las Bienales sólo 'fuera de concurso".

     

 

 

En 1953 hizo Gausachs una exposición en el Instituto Cultural Dominico Americano donde presentó, entre otras cosas, sus primeros estudios sobre el arte negro, posiblemente los primeros también, que realizara un artista en la República Dominicana. En 1954 presentó una retrospectiva, ya. en la Alianza Francesa. En 1953 había participado en dicho centro en dos colectivas organizadas por el Círculo Nacional de Artistas, que en 1954 lo nombró miembro del jurado del concurso de arte que celebró en el Instituto Cultural Dominico Americano.

 

En octubre también de 1954 participó en una exposición de arte religioso que el grupo católico Ábside organizó en los salones del Ateneo Dominicano. Es del mayor interés el ingenuo y expresivo arte religioso de Gausachs. en el que Manuel Tres ha detectado tipologías iconográficas enraizadas en el románico, como la Virgen que sostiene en brazos a un Cristo con tamaño infantil, pero proporciones y rostro de adulto.

En 1955 Gausachs fue incluido en una importante exposición internacional organizada por el Ateneo de Caracas, donde representó a la República Dominicana junto con su discípulo más próximo. Gilberto Hernández Ortega, y Jaime Colson, un dominicano que según Lourdes Cirlot tuvo alguna influencia sobre el grupo Dau al Set en sus comienzos, y fue gran amigo de Tharrats. Exposición que incluía obras de Léger, Hartung, Soulages. Vasarely, Magritte, Petorutti. Diego Rivera. Cándido Portinari. Lam. Rouault, Picasso. Bores. Pelayo, Siquei-ros, Guayasamín.

 

En la obra de Gausachs en Santo Domingo, y según Naescher, su principal coleccionista, un suizo que posee cerca de un centenar de dibujos y pinturas del artista, y que obtuvo de André Bretón dos dibujos de Picasso a cambio de uno de Gausachs, es posible señalar cuatro "etapas" en la producción de Gausachs. Éstas son una primera dedicada al paisaje, una segunda referida a las figuras de negras y mulatas, la tercera, que radicaliza la tendencia a la síntesis que caracteriza no sólo su periodo dominicano, sino la obra de toda su vida, y, finalmente, el vuelco hacia la abstracción del final de su vida. Aunque en el caso de Gausachs, pensamos que no hay una abstracción sino varias: la de trabajos muy esquemáticos que pueden incluirse en lo que se ha dado en llamar "paisajismo abstracto", la de obras como "Manigua Party", de 1955, o "Sputrik", de 1957, donde es visible la huella, en lo que atañe a la estructuración espacial, del cubismo o el constructivismo, o, en fin, las abstracciones como una de la colección de Jorge Gausachs donde un grafismo galopante, de ritmo atormentado y avasallador como el de un Pollock o un Michaux, lo vinculan con el automatismo o el expresionismo abstracto. 

 

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Sus últimos años

Pero entre sus obras más características están, claro está, los paisajes. Precisamente Gausachs fue en Santo Domingo profesor de pintura de paisajes, y su ojo experto distinguió con claridad los matices que diferenciaban los agrestes paisajes del suroeste de los de la región Sur de la isla, rica en ocres, o los tonos más tiernos de la región Norte y Central del Cibao. Creó una imagen del trópico, como supieron ver los críticos Manuel Valdeperes y Rafael Díaz Niese, que rompía el tópico de las estridencias cromáticas, para inclinarse hacia una visión lírica de la luz. Un peculiar fenómeno óptico que se ha confundido a menudo con nieblas, típico de las mañanas tropicales, es el de una luminosidad plateada que llega a disolver, por su misma intensidad, las formas y los colores.

 

El ojo del extranjero, como supo notar Valdeperes, es más apto que el del-nativo para detectar esa realidad (y más el ojo de un hombre del Mediterráneo), de una "luz que oculta, y una oscuridad que revela", como sagazmente apunta María Zambra-no, en un inolvidable ensayo sobre Wilfredo Lam, como propias del Caribe. Entre los pintores del área, pensamos que sólo el venezolano Reverán ha sido capaz de realizar y radicalizar esa percepción de la luz caribeña.

 

También las figuras de negras y mulatas de Gausachs, que alguien ha considerado descendientes isleñas de las gitanas de Nonell, merecen mencionarse como definición, más allá del retrato individual, de un auténtico tipo criollo en que la sinuosidad del trazo recoge todo un repertorio de variantes psicológicas, la tristeza, la laxitud, el desenfado, el desafío, la seducción erótica o el -misterio de lo instintivo. Habita en ellas un élan, una efervescencia de vida, que las distancia decididamente de las mucho más hieráticas que concibió otro exiliado español, Ángel Botello, muy influido por Gauguin.

No menos importante es una iconología de vegetaciones y figuras, de manglar, peces y animales fantásticos que definen toda una visión mágica y fantástica del Caribe que resurge, en clave tenebrista, en Gilberto Hernández Ortega y posiblemente en Lam. Figuras y formas planas y sintéticas, recortadas por gruesos trazos oscuros, nos llevan, como la iconografía románica que el pintor conocía tan bien, más allá del espacio empírico que denota la perspectiva renacentista a otro absolutamente numinoso donde el arte, como preconiza Klee, hace visible lo invisible.

 
No obstante todas las apreciaciones y clasificaciones han de manejarse con cuidado, otorgándoles suficiente fluidez, en el caso de la obra de Gausachs. Otros rasgos notables de su producción son, por una parte, la abundancia de obras de pequeño formato, y realizadas con materiales poco costosos, No obstante todas las apreciaciones y clasificaciones han de manejarse con cuidado, otorgándoles suficiente fluidez, en el caso de la obra de Gausachs. Otros rasgos notables de su producción son, por una parte, la abundancia de obras de pequeño formato, y realizadas con materiales poco costosos, como lápices de color infantiles, ceras, carboncillos y sanguinas, además de gouaches, acuarelas, aguadas, tintas y pastel, y por otra su grandísima influencia sobre las generaciones de pintores dominicanos que fueron sus discípulos: un crítico dominicano ha dicho que la historia del arte del país puede dividirse en antes y después de Gausachs. Nosotros corroboramos sin ninguna duda esa afirmación, añadiendo que el pintor catalán no es el único, pero sí el mayor responsable de que hoy, si puede hablarse de una "escuela nacional", en la pintura dominicana, ésa es el expresionismo, por más que el expresionismo de Gausachs siempre estuvo templado por una elegancia que no admitía ni por asomo lo declamatorio o lo efectista

 

 

Queda hoy, sobre todo, su ejemplar sentido ético de la labor del artista, su amor al trabajo, su independencia consecuente, sin poses ni alardes, sin concesiones, tal como ha subrayado reiteradamente su principal coleccionista, Naeseher, a seducciones mercantiles. Gausachs jamás pintó por encargo, ni quiso vender sus obras, ni siquiera muy bien pagadas, a personas que no le agradasen.

 

 

Desde su muerte se le han dedicado varias retrospectivas: en Santo Domingo, en la Casa de España en 1963, dos en la Galería de Arte Moderno en los años setenta y una en la Cafarelli, y en 1983 en la Ciudad de los Artistas de Altos de Chavón. Otra en 1964 en la Galería Syra de Barcelona, que ya en 1950 le había dedicado, en vida del artista, una retrospectiva que puede considerarse como el inicio del redescubrimiento de Gausachs en España. Esperamos que estas líneas contribuyan al mismo, tanto como la cesión de una serie de entre 80 y 240 dibujos que el coleccionista Partagés cedió al Museo de Arte Moderno de Barcelona. A una calle de Santo Domingo, además, se le dio, como homenaje, el nombre de Josep Gausachs.

 

 

Una metafísica de la luz, como factor que determina el paso de las formas y los seres por el umbral de lo real, se fue desarrollando gradualmente como trasfondo del trabajo de Gausachs. Como muchos artistas que han pasado por el surrealismo, experimentó, sobre todo en sus fantasías en torno a las formas de los manglares antillanos, el paso del onirismo a lo fantástico. "Cuando la realidad se convierte en ficción -escribió al margen de uno de sus dibujos-, la fijación se confunde con la realidad misma."

 

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